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INSENSATA METÁFORA

El hombre llevaba solo en el mundo el tiempo suficiente como para darse cuenta de la inutilidad del teocidio. Muerto dios, la raza de los ogros creadores de ciencia y belleza tomó el mando de las operaciones. Nada pudieron, empero, contra la revelación que hablaba a las claras sobre la imposibilidad manifiesta de derrotar al tiempo. Ese es el contexto en el que me refugié en el lenguaje de los pájaros y los locos, y me esforcé seriamente por apartar de mí el oscuro sol del que emana tanta luz oscura. Confundidos como estamos por la ausencia del Padre, hay quien confía en que la palabra nos redima, sino de la muerte sí al menos de la indiferencia. No es mi caso. Mi lepra reinventa la carne y la desvela. Con eso me conformo. Es así como consigo que la autoridad del aire, capaz de generar abismos en movimiento, quede en cuestión. Oculta tras los pelillos de mi pecho descansa una lágrima de vino negro a modo de insensata metáfora con aspiraciones de eternidad.

13.3.10 19:50


EL HUNDIMIENTO

Durante aquellos instantes en los que todo el peso del universo recayó sobre su cabeza, ningún ser vivo dejó de serlo, es decir, nadie murió. Tampoco aquellos que estaban a punto de morirse. Nadie. Alguno hubo incluso que se creía muerto y bien muerto y volvió al azogue del vivir durante aquellos instantes de locura colectiva. La tierra, nuestra tierra, se convirtió en una tierra aburrida donde reinaba un tiempo repleto de algodones y delicadezas. Luego vino el diluvio y todo se hundió. Fruto de un proceso complejo de degeneración simpática, todo se hundió. El mundo se hundió como se hunden los bosques hinchados por la lluvia en la húmeda elocuencia de su propio dolor. Infelizmente drogado y hundido, con el universo por sombrero, sintió que fuera de su vientre abombado todo era oscuridad y ruidos con sabor a abismos. Todos estaban hundidos, él también,  pero durante aquellos instantes nadie murió.

12.3.10 20:25


DE METÁFORAS Y RESONANCIAS

El estruendo de sus besos derrumbándose despierta en mí amplias resonancias con apariencia de recuerdos. Veamos un ejemplo: el eco de mi lengua torpe y atrofiada empeñada en desarrollar funciones para las que no fue diseñada, es decir, pensar en algo más que sobrevivir en medio de tanta humedad. Algo parecido me pasa con las metáforas, que llegan a mí en cartas cerradas sin otro remitente que el padre muerto. Veamos un ejemplo de esto otro: el padre me dice que esté atento y mueva el culo, que sólo permanece lo que cambia. Llegaré a escuchar el dulce sonido del glaciar derritiéndose en su interior.

11.3.10 21:11


DESCANSAR EN LA SILLA DE TUS OJOS

Reconocí al día nada más verle. Era mi día. La amarga almendra del miedo se deshizo en mi boca sin que la luz de sus palabras pudiera poner orden entre tanta tristeza destilada. Los desmembramientos de errores quedaron suspendidos por la ondulación caligráfica de una voz intrusa. Una voz que no era tu voz. Cuando me miraba en el espejo repleto de ventisqueros, las nubes iban perdiendo su cabeza una tras otra al tiempo que yo perdía la mía, dicen que por sobredosis de melancolía. Tales inclemencias degeneraron en tormentosas pesadillas que a su vez dieron pie a negruras de pecados incapaces de huir del testimonio insomne de un destino ciego. Y vuelta a empezar. Reconocí al día nada más verle. Era mi día. Y he de confesar que a pesar de ser capaz de reconocer tan señalada fecha, me fue imposible descansar en la silla de tus ojos y tomar posesión de los mares que contienen.

9.3.10 21:37


EL REINO OSCURO

Las cataratas de mis ojos, lechosas e irreales, me impedían distinguir con claridad la inorgánica transparencia de aquel atardecer. Tardé algún tiempo en darme cuenta que la realidad era otra y que, con cataratas o sin cataratas, no se veía lo que se dice un pijo. De hecho, cualquiera diría que hacía muchos siglos que no se veía por allí ningún atardecer. En aquella estancia la opacidad lo era todo. Era también profundidad. Y pesadez. Digamos que era una oscuridad muy profunda y pesada, de ahí que todo pareciera inmutable. Ni que decir tiene que, entre lo despistado que soy y ese galimatías de brumas y negruras, tan tremenda, tan absoluta, ninguno de mis yos había podido localizarme. Y todo ello aún a pesar de las señales que con astucia iba dejando aquí y allá, cuan Pulgarcito en medio de aquel enjambre de turbiedad. Me sentía extraño como una estrella en el amanecer, y algo había que hacer. No es que yo pretendiera, dios me libre, alterar en modo alguno el estado de oscuridad reinante. Pero algo había que hacer si quería continuar tras el rastro del tiempo que nunca existió, que era exactamente lo que estaba haciendo antes de caer no sé cómo en aquel pozo oscuro. Separar el cuerpo de la oscuridad, y viceversa, separar la oscuridad del cuerpo, resultaba una tarea titánica con visos de imposible, pero fue lo que intenté. El resultado fue que mi cabeza se puso a dar bandazos por la habitación como un globo que perdiera aire, sin que ninguno de sus gestos de peonza loca hiciera mella en la negrura y la cerrazón de aquellas sombras opacas y tenebrosas.

8.3.10 21:30


A OJO DE PÁGINA

A nadie más que a mí incumbe lo que se diga o se deje de decir en esta nota a ojo de página. Se trata simplemente de una aclaración. Atribulado, doy a luz un tiempo repetido y mimético que huye por la extensa llanura que conforma esa misma página a la que puse el ojo. Y es que donde pongo el ojo pongo la tinta. Y la origina seca. También me gusta poner orina seca en aquellas páginas a las que echo el ojo y la tinta mientras observo cómo la flor del miedo se ovilla en su enmarañamiento estrábico. Necesito ensanchar mi espacio interno y, sobre todo, necesito cauterizar el ansia que tengo de carne ajena. Y para eso no hay nada como aclararme, matizarme, eruditizarme, reverenciarme, editorializarme si cabe, hacerme de todo, lo que sea, pero a ojo de página.

 

7.3.10 21:11


Y LLEGÓ DESNUDO AL MATADERO

Y llegó desnudo al matadero ya que es así como los muertos tienen por costumbre de llegar cuando llegan al matadero. Y como todos los que llegan llegó con boca reseca y los brazos y piernas tatuadas. Además, este muerto concreto del que estamos hablando llegó con restos de pene ya que resultó que el muerto era varón. Y llegó también con los labios exangües y tristes de habitar después de tanta humedad descarnada. Y como les pasa a todos los que van más allá de los límites de la vida llegó cansado de dar tantas y tantas zancadas desconsoladas y torpes, y cuando llegó las risas de los otros muertos resonaban aún en todo lo largo y ancho de su bóveda craneal.

6.3.10 20:28


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